
Si alguien pregunta por libros baratos, lo que obtendrá por respuesta es “Quilca”. Si alguien pregunta por discos de bandas poco conocidas -por no decir desconocidas-, le dirán “Quilca”. Si alguien busca sentirse fuera de lugar, extraño y observado; entonces lo que debe hacer es ingresar a este sub mundo, que a solo unos pasos de la Plaza San Martín ofrece desde los atuendos mas ‘dark’ que un gótico puede usar, hasta una copia de la primera edición de Cien Años de Soledad. Todo ello es la Quilca bohemia en la ciudad de los reyes.
Transitar por estas calles donde los libros y las personas se mezclan bajo atuendos góticos, ‘punks’ y ‘emos’; te hacen pensar que tu closet necesita ser cambiado urgentemente, o que eres el más aburrido de los que pasan rápidamente, donde los colores encendidos y la música estridente se escapa por las rendijas de las puertas, de esas viejas casonas que son testigos de cómo poco a poco la ciudad de los reyes cambia y su juventud se vuelve rebelde, y ya no quiere ser como el colectivo.
Quizás algo que haga distinto a Quilca de otras calles, es la cantidad de personajes con look’s estrafalarios, o aquellos que no temen en explicar teorías con bases de Marx, de Nietzsche o de Platón. Los mismos que paseándose campantes, sin temor a nada y muy al contrario, mostrándose orgullosos de romper el común del tan manoseado status quo, que establece que debemos ser así y asa.
Un Cristo con rasgos del Che Guevara, figuras que asemejan los traumas del pintor, todo ello trazado con los colores tan vivos que contrastan con la tristeza de una Lima bajo la niebla y la garúa constante. “El Averno”, local que oculta con esa fachada, un mundo solo para los incomprendidos sociales, que se pasean por las galerías del boulevard, bajo las prendas de góticos, ‘emos’ o ‘punks’; entre los rostros de aquel personaje que Tim Burton no imaginó que sería un símbolo de lo que significa ser ‘emocionalmente ridículo’.
En un pasado no muy lejano “El Averno”, era la cuna de la gente bohemia, culta e incomprendida que transitaba por las calles de Lima la bella. Los poetas sin hogar, músicos incomprendidos y artistas salpicados de pintura, podían encontrar entre estas cuatro paredes una pensión gratuita, su única contraseña era su atuendo y su talento, siendo eso las únicas muestras de que eran unos aislados sociales por su talento. Pero ahora, después de la bienvenida del Cristo Che, nada ha cambiado, este sigue siendo un lugar donde la música y el arte desbordan las paredes de una Quilca que mes a mes nos sorprende con su nueva forma de expresión.
El Boulevard de Quilca, lugar donde podemos encontrar desde el libro en su versión original del accidentado Juan Villoro; el accesorio más ‘dark’ que puedas imaginarte, como un collar de púas, o una falda con aplicaciones de botones plateados; o pósteres originales de las películas más populares de todos los tiempos; todo ello ubicas en este boulevard que con el pasar del tiempo, ha sabido mantenerse en pie, aun cuando caminar por estas calles significaba perder la billetera, y quizás un poco de tu talento.
Después de muchos años de abandono; Quilca ya no da miedo, no temes ingresar con todo y salir con menos algo. Y si ahora ingresas no pienses que saldrás rápidamente, porque no lo harás, ya que si ingresas, o bien te entretendrás con un libro, una revista o un ‘emo’; pero tu paso por esta calle será contagiante y extravagante, porque así es Lima, la bohemia Ciudad de los Reyes.
Transitar por estas calles donde los libros y las personas se mezclan bajo atuendos góticos, ‘punks’ y ‘emos’; te hacen pensar que tu closet necesita ser cambiado urgentemente, o que eres el más aburrido de los que pasan rápidamente, donde los colores encendidos y la música estridente se escapa por las rendijas de las puertas, de esas viejas casonas que son testigos de cómo poco a poco la ciudad de los reyes cambia y su juventud se vuelve rebelde, y ya no quiere ser como el colectivo.
Quizás algo que haga distinto a Quilca de otras calles, es la cantidad de personajes con look’s estrafalarios, o aquellos que no temen en explicar teorías con bases de Marx, de Nietzsche o de Platón. Los mismos que paseándose campantes, sin temor a nada y muy al contrario, mostrándose orgullosos de romper el común del tan manoseado status quo, que establece que debemos ser así y asa.
Un Cristo con rasgos del Che Guevara, figuras que asemejan los traumas del pintor, todo ello trazado con los colores tan vivos que contrastan con la tristeza de una Lima bajo la niebla y la garúa constante. “El Averno”, local que oculta con esa fachada, un mundo solo para los incomprendidos sociales, que se pasean por las galerías del boulevard, bajo las prendas de góticos, ‘emos’ o ‘punks’; entre los rostros de aquel personaje que Tim Burton no imaginó que sería un símbolo de lo que significa ser ‘emocionalmente ridículo’.
En un pasado no muy lejano “El Averno”, era la cuna de la gente bohemia, culta e incomprendida que transitaba por las calles de Lima la bella. Los poetas sin hogar, músicos incomprendidos y artistas salpicados de pintura, podían encontrar entre estas cuatro paredes una pensión gratuita, su única contraseña era su atuendo y su talento, siendo eso las únicas muestras de que eran unos aislados sociales por su talento. Pero ahora, después de la bienvenida del Cristo Che, nada ha cambiado, este sigue siendo un lugar donde la música y el arte desbordan las paredes de una Quilca que mes a mes nos sorprende con su nueva forma de expresión.
El Boulevard de Quilca, lugar donde podemos encontrar desde el libro en su versión original del accidentado Juan Villoro; el accesorio más ‘dark’ que puedas imaginarte, como un collar de púas, o una falda con aplicaciones de botones plateados; o pósteres originales de las películas más populares de todos los tiempos; todo ello ubicas en este boulevard que con el pasar del tiempo, ha sabido mantenerse en pie, aun cuando caminar por estas calles significaba perder la billetera, y quizás un poco de tu talento.
Después de muchos años de abandono; Quilca ya no da miedo, no temes ingresar con todo y salir con menos algo. Y si ahora ingresas no pienses que saldrás rápidamente, porque no lo harás, ya que si ingresas, o bien te entretendrás con un libro, una revista o un ‘emo’; pero tu paso por esta calle será contagiante y extravagante, porque así es Lima, la bohemia Ciudad de los Reyes.
